lunes, 14 de diciembre de 2015

EL SUCIO SONIDO DE LA PERFECCIÓN

De las cosas más hermosas que nos enseña la disciplina del Shakuhachi es romper con los esquemas e ideas preconcebidas. Si hay algo que caracteriza el sonido de la flauta zen de bambú, es su sonido al natural, rústico, lo cual algunos podrían denominar como "sucio", si esto es juzgado tras el velo de nuestra idea occidental de perfección musical o sonido puro; pero ciertamente, y la verdad yace precisamente en el mismo punto de la sonoridad imperfecta, este ruido hermoso que produce la misma naturaleza del instrumento (bambú), gracias a la respiración del intérprete, provoca un sonido poético.

La música japonesa y en especial el honkyoku 本曲 (piezas originales de los monjes peregrinos budistas - komuso), presentan una serie de melodías únicas con gran variedad de sonoridades y efectos que salen de todo patrón musical occidental; piezas sin tiempos debidamente establecidos en nuestros estándares de música occidental, y melodías que transportan a parajes naturales y evocan sentimientos profundos de tranquilidad. La belleza de la suciedad del sonido del shakuhachi, así como sus distintos timbres y tonalidades, son las que crean esa atmósfera de conexión con la naturaleza, con la tierra, el cielo y el mismo ser interior.

Existen diversas técnicas, ornamentos y formas para encontrar efectos sonoros en la flauta de bambú. Muraiki por ejemplo, es una técnica de shakuhachi que muestra una fuerza poderosa de una ventisca, lograda por el intérprete al ajustar sus labios, boca y garganta de cierta forma; esta técnica pretende emular la naturaleza del sonido del viento. También podemos encontrar la técnica Korokoro, que emula el cantar de aves e insectos, lograda al abrir y cerrar en secuencia ciertos orificios de la flauta.

Lo perfecto e imperfecto hacen parte de la misma naturaleza, no hay dualidad alguna, un sonido rudo y melódico puede llegar a sacudir y limpiar el espíritu en una sola ráfaga de aire.

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